Mostrando entradas con la etiqueta Pensando. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pensando. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de noviembre de 2009

Otro sábado de esperas

Como nos temíamos, ha vuelto a ocurrir. Mi suegro ha tenido que volver al hospital esta mañana con problemas respiratorios y cardiacos. Cada vez pinta peor que la anterior, pero su enorme fortaleza hace milagros cuando los médicos creen que no saldrá de la crisis. Sinceramente, no se que es peor. Bueno, sí que lo se. Es mejor irse sin sufrir, aunque suponga un palo tremendo por lo inesperado para los que se quedan, que ver a quien quieres deshacerse día tras día sabiendo que el desenlace puede alargarse días o semanas.

Asi que aquí estoy, de nuevo sola en casa, tratando de distraerme con la tele o con internet y esperando una llamada que me de alguna pista. Utilizo mi proverbial capacidad de abstracción para crearme, mientras tanto, un universo paralelo. Acabo de ver uno de mis anuncios favoritos. Me encanta la música, la puesta en escena, el vestuario y especialmente los gestos y la chulería elegante del chico protagonista, que, aunque es excesivamente bollycao para mi body (qué mono estaba anoche mi Hugh vestido de Van Helsing a pesar de la infame melenita) reconozco que tiene clase y cierto puntito canalla. Con unos cuantos años más, unos cuantos músculos más y algo de mundo podría ser la leche.

sábado, 1 de agosto de 2009

Necesito animarme....

Con el mes de julio tan feliz que yo me prometía, cagontó. Y eso que lo empecé de cine, cumpliendo mis planes a rajatabla: trabajo de OCU por la mañana y piscinita bronceadora y relajante por la tarde. Además mis dos fieras colaboraban mucho en este planning: cada cual con su pandi y así me dejaban unas horitas de nirvana en soledad, que siempre viene muy bien. Pero el destino y la salud tienen jugarretas de lo más puñeteras y el abuelo cayó malito de repente. En medio del mes. Y aquí es donde todo comenzó a desmoronarse. Hasta la posibilidad de mi tan ansiada playa se esfumaba por momentos. Por suerte las cosas, para que el puñetero Murphy sufra una apoplejía del disgusto, parece que se han enderezado y el abuelo, tras el alta, ingresará en una estupenda residencia cerca de casa.

Cuando estoy muy nerviosa me bloqueo. Pero no a la hora de cumplir obligaciones, para lo que debo llevar el piloto automático, sino a la hora de crear mundos paralelos personales. Crear. Plasmar. Escribir. Eso es lo que más me relaja del mundo y con los niveles de adrenalina por las nubes, es la parcela que se resiente por encima de todas. Hoy, que la cosa parece algo más tranquila y los malos rollos empiezan a ser vistos con cierta resignación, me he pegado una pechada de Youtube fastuosa. He visto vídeos, trozos de pelis, trailers... y al final he decidido dejar aquí dos joyas de mis adorados Monthy Phyton, que siempre consiguen hacerme sonreir. Eso y la péli que ponían en la 1, con mi Hugh Jackman luciendo bello y sabrosón, han contribuido a la mejora sustancial de mi maltracho ánimo. No es que sea para echar campanas, pero creo que hoy dormiré un poco mejor. Aquí los pego, para que os lo paseis tan bien como yo.



martes, 2 de junio de 2009

Inicios de verano

Este fin de semana lo he pasado casi en exclusiva en Getafe, en sus fiestas de cada año. Bueno, el fín de semana y parte del lunes, ya que allí este día es festivo. Hemos pasado un calor apabullante, casi parecía el mes de julio y ni siquiera a la caída del sol bajaban los grados suficientes para que corriese fresquito. Hemos tomado cervecitas, hemos visto procesiones, hemos comido con la familia, hemos padecido dolores de piés importantes y nos hemos encontrado con gente a la que hacía la tira de tiempo que no veíamos. Generalmente me hace mucha ilusión este tipo de encuentros, aunque siempre está la vecina del barrio que te conoce de pequeña, que antes de darte los dos besos de rigor te planta en tu cara lo de "pues yo creo que has engordado" o "ya se te van notando los añitos, bonita". Gracias. Yo también te quiero.

Mis sobrinas mayores cotorreaban ayer acerca de los exámenes y de que en estas fechas están siempre hasta las orejas de estudiar. Y me he acordado de mi etapa universitaria, cuando teníamos exámenes desde mediados de mayo hasta casi primeros de julio y las fiestas nos cogían siempre atacados de los nervios y estresaditos perdidos. Había exámenes que nos tocaba pasarlos en sábado por la tarde (qué gran planificación de la facultad) y, a la que volvíamos de hacerlos, cansados, quemados y con la espalda dolorida por los duros bancos del Aula Magna, nos sentábamos en una terraza próxima a la parada del autobús para tomar un agua de Valencia. La gente iba y venía, endomingada como en los días grandes, camino a la feria o a tomar algo en los chiringuitos, y los vendedores de globos se multiplicaban como los panes y los peces.

Mis compañeros de facu y yo solíamos quedar un día en las fiestas para irnos a bailar y a tomar cervezas y mojitos, dejando a un lado, excepcionalmente, a nuestros amigos habituales. Por entonces, en cualquier solar sin construir del centro de Getafe, se montaba un chiringuito con mesas y una orquesta, chiringuitos que solían pertenecer a los partidos políticos. Asi que lo normal era decir: vamos a Izquierda Unida, vamos al PP o vamos al PSOE. Siempre sentimos preferencia por el de Izquierda Unida, era el que mejor ambiente tenía y sus mojitos eran espectaculares. Al día siguiente, vuelta a la normalidad, a meter las orejas entre los libros hasta las tantas, mientras a través de la ventana abierta te llegaba el eco lejano de la música y la juerga.

Ha habido años que las fiestas han sido pasadas por agua (dicen que en cuanto mueven a la Virgen de los Angeles, llueve) o ha hecho hasta frío, pero siempre las asocio con calor y buen tiempo. La ciudad se convertía en una especie de terraza de verano improvisada con mesas y sombrillas por todos lados. Llegabas a preguntarte si de verdad vivía tanta gente en Getafe o es que les había dado por salir a todos al tiempo, para agobiarte a posta. La feria aún estaba en el casco urbano. Ahora la instalan en las afueras, donde no moleste tanto a los vecinos, cosa comprensible a todas luces, pero que hace perder encanto al asunto. Y los chiringuitos desaparecieron cuando algún avispado constructor se percató de las posibilidades del solar en vertical con pisos de dos dormitorios y terrazas a la calle.

Las fiestas de Getafe siempre han sido el hall de entrada el verano, esa puertita pequeña que entreabríamos para ver allá al fondo la promesa cierta del fín de las obligaciones, de las tardes eternas en el parque hasta que la noche se hacía negra y oscura, cuajadita de estrellas, de la posibilidad de volver a ver el mar un año más. Ayer, mientras el sol me chamuscaba la nariz y veía a la gente paseando por la calle Madrid, pensé que hay cosas que nunca cambian.

sábado, 16 de mayo de 2009

Encriptadas

Eso es lo que dijo Antonio, mi jefe, el otro día. Que las mujeres estábamos todas encriptadas. Se nota que es informático, el muchacho. Era viernes, los chicos andan de exámenes y faltaba bastante gente, sobre todo a segunda y tercera hora, asi que Iván y yo andábamos de tertulia. El es de la opinión de que para entender a las mujeres hace falta un libro de instrucciones y que todavía no sabe dónde se compra, que somos raras, especialitas y que los hombres siempre acaban haciendo lo que nosotras queremos. Argumentando le gano, porque él es de ciencias y yo de letras y le insistía en que ellos siempre piensan el línea recta, que son excesivamente monotemáticos y que es imposible que nos entiendan porque jamás se ponen en nuestro lugar. Es verdad que nosotras a veces pretendemos que nos comprendan rapidito cuando estamos tristes o enfadadas, porque lo que de verdad nosotras necesitamos es empatía y no dar explicaciones. Y en eso los chicos andan un poquito cortos.

En medio de tan apasionante conversación apareció Antonio y dijo su frase magistral. No la comparto, pero le reconozco el mérito, aunque lo dijo con carita de pena y cabeceando con resignación. Iván insistía en que nosotras debemos dar más pistas, que les tenemos perdiditos, que si queremos consuelo que lo digamos. Y ahí si que no estoy de acuerdo en absoluto, porque si estás triste, si te hace falta una palabra de ánimo o que simplemente te abracen con afecto no tienes por qué ir con pancartas ni a base de megáfono. Quien está a tu lado o quien se considera tu amigo debería conocerte lo suficiente para saber qué hacer. Claro que me estoy dando cuenta en los últimos tiempos que eso no es así de ninguna manera. O más bien que depende mucho de quien seas.

En todas las cosas de la vida, como en el futbol que tanto le gusta a la población masculina, hay divisiones. Primera, segunda, tercera y hasta cuarta. Una vez que has entrado en una es muy difícil cambiarte. Y de ascender ya ni hablamos, que eso, como decía un compañero de facultad, no sólo es imposible sino "de una assurdez assurdísima". Descender sí que se puede y generalmente rodando y rebotando por las escaleras, plaf, plaf, plaf. Tengo una amiga que es de primera división especial y que da igual que se ponga un gato muerto encima de la cabeza. Ahora los chicos de la pandilla están casados, son hombretones responsables y esas cosas, pero a veces se les sigue escapando la babita cuando ella hace algo. Ya no es el torrente de babas del día de la camisa roja, claro, pero es casi lo mismo.

En mi caso, y a mucha honra, pertenezco a la segunda división con problemas de permanencia y en peligro de descenso. Con lo que a mí me gustaría tener eso que llaman sexapil o algo así y ser de esas mujeres a las que los chicos y hombres circundantes corren a ayudar y consolar si se rompen ligeramente una uña. Pertenezco, como tantas otras, a la saga del ah, sí, ya se que estás ahí, qué simpática eres, lo que me río contigo. Y ya se sabe, que cuando un ejemplar del sexo masculino dice de tí que eres simpática.... "¡¡es que es un callo malayo!!". Miguelito dixit.

viernes, 24 de abril de 2009

Voy a ser buena

Hay frases que de pronto te tocan esa fibra sensible que dicen que tenemos escondida. Y te planteas si de verdad las cosas son como te las dicen. O si es que no te habías dado cuenta hasta ahora. Reconozco mis enormes fallos y mis esperpentos, soy consciente de ellos y también soy consciente de mi especial habilidad para hacer y decir cosas completamente disparatadas. Lo reconozco y lo asumo, al mismo tiempo que también trato de contenerme en muchas ocasiones. Me lo repito a mí misma con soniquete y retintín, a ver si lo memorizo: déjate de tonterías, compórtate, eso que dijiste es una memez, no sueltes esas bobadas, aprende de tus amigos, aprende, aprende, aprende... Y nada, oye. Que vuelvo a caer una y otra vez.

Lo peor del asunto es que cuando no estoy haciendo el oso y trato de ser normal, moderada, hablando lo justo y sin sacar los piés del tiesto siempre hay quien me dice que qué me pasa, que qué seria estás, que eso no es normal, con lo que tú eres... A veces me dan ganas de preguntar cómo soy exactamente. O cómo me ven, que ya me puede la curiosidad.

Toda esta comida de tarro viene a cuenta de lo que decía al principio: la frase que me ha hecho pensar y replantearme de nuevo lo que hago y lo que digo. El domingo es la Maratón de Madrid y ayer alguien me dijo: "¿y este año que espectáculo te vas a sacar de la manga?... porque espero que no aparezcas de nuevo con los pompones, que se te ve de lejos...". Pues eso. Que voy a ser buena. Tonterías las justas. A ver si acierto de una vez.