martes, 28 de abril de 2009

Maratón de Madrid 2009

Hasta el jueves haciendo un tiempo espectacular y llega el finde y hala, frío, lluvia, viento.... Vale que a los corredores un clima más fresco les favorece a la hora de correr, pero tanto no se yo. Asi que cuando me levanté a las ocho de la mañana el domingo y ví el día que se presentaba, juré en hebreo, arameo y demás lenguas muertas porque lo de andar por Madrid llevando paraguas me hace brotar la urticaria. Al final hubo suerte y sólo les cayó agua al poco de salir. El resto de la carrera el cielo dió una tregua. Incluso tuvimos trocitos de sol.

Establecimos nuestro primer control en la Calle Mayor, junto a Sol, mientras Dana, Mila y Mónica, en una auténtica maratón paralela, se iban apostando sucesivamente en Nuevos Ministerios, Plaza de España, Príncipe Pío y Lago siguiendo la línea 10 de Metro, que para estas cosas es muy socorrida. Cuando salimos a la Puerta del Sol ya había un jaleo estupendo. Muchísima gente animando a los corredores, algunos con turutas y trompetillas y sin dejar de aplaudir, que es lo que hay que hacer. Nada de mirones pasivos, que los atletas se merecen aplausos a granel. Y la primera llamada de Dana: van detrás del globo de las 4 horas. Para los profanos diré que esos globos que llevan atados algunos corredores sirven para marcar el tiempo aproximado final de los atletas, globos gordos, azules y con la marca Corricolari aparte de la pegatina con el crono.


Primero aparecieron Tomás y Alicia, a los que gritamos como posesos para que nos vieran. Hala, que bien va el Tomi esta año. Y eso que decía que Alicia estaba que se salía... Tres o cuatro minutos después llegaron Julio y Vicente, con su ritmo constante y seguro y también nos dejamos las gargantas. Van mojados. Jo, debe haber llovido un montón, porque pasan todos empapados, pobrecitos... Se les ve buena cara y mira que ya estamos en el kilómetro 16.

Nosotros cuatro nos marchamos directamente al Retiro, para coger sitio en las vallas y presenciar la entrada sin nadie delante. LLegamos un poquito después de que hubiese entrado el primer clasificado. De él hasta el puesto 13 todos negritos africanos que corren como gamos, los tíos. En esos momentos había poca gente, pero a medida que iban pasando los minutos llegaban oleadas de público, mucho más interesados en los atletas populares que en los negritos victoriosos. Se veían banderas, pancartas, cientos de cámaras de fotos y vídeo, pompones de los chinos... Todos esperaban a los suyos , emocionados, para darles ánimos y aplaudirles hasta que las manos echen humo.

Los hay que cruzan la meta con sus hijos de la mano, los que besan a sus familiares a la que pasan por su lado, los que piden que les animen, los que lloran como niños, los que entran casi a rastras porque no pueden con su alma, los que esprintan con pundonor, los que llegan caminando, los de la brigada de paracas que se chupan los 42 kilómetros corriendo en completa formación, con su bandera y cantando a voz en cuello. Impresionante. A continuación, un pequeño homenaje.





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Debemos confesar para nuestra vergüenza eterna y la de nuestras futuras generaciones, que no hay no una sóla imágen de Alicia en carrera. La única que existe es cuándo ya habían finalizado. Y eso que terminó la primera de los cuatro con un tiempazo de 3 horas 40 minutos. Después entraron Julio con 3 horas 55 minutos; Vicente, con 4 horas y 2 minutos y Ertomi con 4 horas y 8 minutos. Sandra, que se incorporó en el kilómetro 25 y acabó la carrera con Julio, no tiene cronometraje oficial, una pena. Vale, los tiempos no están ajustados al segundo, pero os hacéis una idea. Un carrerón para todos. Después el merecido descanso, masajito, avituallamiento, hidratación y los consabidos "el próximo año ni de coña", "me duele hasta el paladar" y "hala, Tomi, te has superado, buena marca, no como el año pasado que ibas hacia la luz..."

Lástima del clima. Con lo que a los que vamos de miranda nos mola tomar una cervecilla en el Retiro tomando el sol y dejando que se nos churrasquen las naricillas. Pero, como todos los años, ha sido un día genial, emocionante y completito. Al final de este post os dejo los dos pequeños vídeos de las entradas en meta de Julio, Sandra y Tomás. Ya contamos los días para la Maratón de Madrid 2010.

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viernes, 24 de abril de 2009

Voy a ser buena

Hay frases que de pronto te tocan esa fibra sensible que dicen que tenemos escondida. Y te planteas si de verdad las cosas son como te las dicen. O si es que no te habías dado cuenta hasta ahora. Reconozco mis enormes fallos y mis esperpentos, soy consciente de ellos y también soy consciente de mi especial habilidad para hacer y decir cosas completamente disparatadas. Lo reconozco y lo asumo, al mismo tiempo que también trato de contenerme en muchas ocasiones. Me lo repito a mí misma con soniquete y retintín, a ver si lo memorizo: déjate de tonterías, compórtate, eso que dijiste es una memez, no sueltes esas bobadas, aprende de tus amigos, aprende, aprende, aprende... Y nada, oye. Que vuelvo a caer una y otra vez.

Lo peor del asunto es que cuando no estoy haciendo el oso y trato de ser normal, moderada, hablando lo justo y sin sacar los piés del tiesto siempre hay quien me dice que qué me pasa, que qué seria estás, que eso no es normal, con lo que tú eres... A veces me dan ganas de preguntar cómo soy exactamente. O cómo me ven, que ya me puede la curiosidad.

Toda esta comida de tarro viene a cuenta de lo que decía al principio: la frase que me ha hecho pensar y replantearme de nuevo lo que hago y lo que digo. El domingo es la Maratón de Madrid y ayer alguien me dijo: "¿y este año que espectáculo te vas a sacar de la manga?... porque espero que no aparezcas de nuevo con los pompones, que se te ve de lejos...". Pues eso. Que voy a ser buena. Tonterías las justas. A ver si acierto de una vez.

viernes, 10 de abril de 2009

Una de romanos

LLevo dos días de romanos que es de preocupar. Estoy acabando con toda mi provisión de clinex. Además, como estoy bastante sola, me puedo permitir llantinas espectaculares sin pensar en el qué dirán. Ayer por la mañana me metí entre pecho y espalda Quo Vadis casi sin pestañear, una de mis pelis favoritas. Ese Marco Vinicio enamorado de una esclava cristiana, Ligia. Primero en plan te voy a conseguir por las buenas o por las malas y después rendido a la belleza (espectacular Deborah Kerr) y a la dulzura de ella. Nerón malo malísimo, cantando de pena e incendiando Roma con gesto de porque yo lo valgo. Petronio embobado hasta las trancas de una esclava hispana (qué tendrán las hispanas, qué tendrán) que opta por morir a su lado cuando él decide quitarse la vida antes de que el emperador le haga filetes para los leones del circo. El apostol Pedro cristianizando romanos, tan bueno y tan de blanco que parece un tierno osete. Y esa escena final en el circo, con Ligia atada a una columna mientras Ursus, su protector, se bate con un toro a pelo, sin capa, ni estoque ni nada hasta que acaba con él, escena contemplada por un Marco prisionero que sufre y sufre como nadie. Qué bonito todo, qué emocionante.

Ayer por la noche ponían Gladiator. Y conociéndome ya se sabe: que ni me miren, ni me hablen, ni me respiren fuerte, que me distraen. Hasta mi hijo me llamó un rato antes de que empezase, desde casa de sus tíos, para que no le gruñese demasiado. Y es que me da igual las veces que la vea, me vuelve loca. Ya se que en este punto habrá quien diga que lo que me sulibeya especialmente es Russell Crowe con falda y pegando mamporros, que también. Pero es que la peli es redonda de principio a fín. Desde la batalla contra los germanos hasta las escenas en el circo. La guerra, el amor, la venganza, las traiciones, la política, los personajes, el plantel de actores.... Todo convierte a esta peli en uno de mis referentes. Vale, los biceps de Russell son un aliciente añadido, pero eso ya forma parte de otros asuntos mucho más mundanos que no vienen al caso. Y a pesar de las veinte veces que la he visto (me se diálogos enteros de memoria) siempre termino como una magdalena al final. Que se me caen unos lagrimones.... Pero lo que disfruto. Eso no me lo quita nadie.

Y esta mañana, para terminar, de momento, me he sometido a un tratamiento de choque con Ben Hur. Aunque la he ido viendo a trozos (desde las once de la mañana hasta las tres de la tarde da tiempo a muchas cosas: ducharme, hacer la comida, secarme el pelo, recoger...) me lo he vuelto a pasar pipa. Los malos muy malos. Los bueno muy buenos y lo que es más importante, con una suerte estupenda. Las mujeres todas divinas, maravillosas, buenísimas y prestas a ser salvadas y cuidadas. Los hombres en el summun del héroe que sufre pero que acaba por conseguir lo que quiere. Vamos, que yo veo un escenario romano en la tele y me abducen. Embobadita que quedo.

Mi amiga Pilar decía que si no terminaba llorando en una peli era como si no la hubiese visto. Hace años que no la veo, pero seguro que no ha cambiado de opinión. Ni yo tampoco, porque éramos tal para cual. Además hace frío, llueve y no tengo otros planes a la vista, asi que mañana repondré mi stock de pañuelos de papel y miraré la programación. Seguro que encuentro algo digno de mención. Eso sí, se me están quedando los ojos de un limpito y de un verde espectacular. No hay mal que por bien no venga. Dicen.

viernes, 3 de abril de 2009

Qué tiempos aquellos


Estamos mi hermana y yo inmersas en nuestra tesitura anual de buscar piso para las vacaciones de verano. Piso que tiene que tener unas características muy concretas: que quepamos todos con comodidad, que tenga lavavajillas, piscina y no esté lejos de la playa. No despreciamos el aire acondicionado, microondas y otras virguerías, pero con las primeras condiciones nos vale. Solemos tener mucha suerte con nuestros alquileres agosteños. Acostumbran a ser pisos bastante nuevos, bien preparados y cómodos. Y no puedo evitar acordarme de aquellos tiempos, en los albores de la pandilla, cuando lo de alquilar para el verano era lo más parecido a una lotería: a ver si hay suerte y me toca, por lo menos, el reintegro.


Entonces no había internet, ni páginas de alquiler con fotos y vistas panorámicas ni más seguridad que la voz del señor o la señora que te cogía el teléfono (sacado, generalmente, del Segunda Mano) y te describía el sitio y las condiciones. Creo que todos recordamos especialmente el de Fuengirola. Teóricamente alquilamos un "piso cómodo de tres habitaciones en zona tranquila y a 10 minutos de la playa" y nos encontramos una covacha de 60 metros cuadrados (para ocho) con tres habitaciones tamaño Pin y Pon y que tenía el frigorífico en el salón porque no cabía en la cocina. Cocina en la que sólo podíamos estar dos y siempre que fuese de perfil y sin respirar hondo. Además resultó ser un bajo en un portal cutre con la parte delantera orientada a un parking de motos y la trasera a un enorme y destartalado patio vecinal. Por supuesto, los diez minutos a la playa eran media hora de reloj a pata y a pleno sol.


Para colmo nos pasó de todo: se nos incendió un colchón, nos quedamos sin gas, la instalación eléctrica saltó por los aires, Miguel padeció un horrible dolor de muelas, nos cargamos media vajilla, Tomás transmutaba en El Capitán Araña o Jesse Owens (en días alternos) y se clavó un erizo en una rodilla y Montse fué abducida por un vendedor de higos chumbos media hora antes de coger el autobús de vuelta a Madrid.


Estas desgracias encadenadas han pasado a los anales de las historias de la pandilla, especialmente la historia del incendio. Aquella frase lanzada por Julio de "¡¡Apágate, fuego, apágate!!" mientras le arreaba furiosos chancletazos al colchón ardiente. Aquella olla con restos de pasta con tomate que Tomás llenó de agua para lanzarla a las llamas y que nos puso a todos pringando. Aquellos daños colaterales en forma de quemaduras en mis deditos y en la mano de Julio y especialmente en el papel pintado de la pared, que parecía sacado del mismísimo infierno de Dante. Menos mal que Alicita, mujer hábil y mañosa dónde las haya, lo solventó de modo tan genial que parecía que en aquella pared no había pasado nada.


El colchón acabó en la basura, evidentemente, pero por suerte no era propiedad de la casa: lo habíamos comprado nosotros para tener una cama más aunque fuese un triste colchón de espuma. Lo hicimos trozos y lo metimos en montones de bolsas del super de la esquina para disimular. A los dos días de volver de vacaciones, en el telediario saltó la noticia de un pavoroso incendio en el vertedero de Mijas (al que iba la basura de Fuengirola). Todavía me entra la risa cuando recuerdo que sonó el teléfono y Julio me preguntó con mucha guasa: "Oye, Yoli ¿seguro que apagamos bien el colchón?".